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2014- Carmen Sarasúa: "Conocer nuestra Historia sigue siendo imprescindible Imprimir E-Mail

2014- Carmen Sarasúa: "Conocer nuestra Historia sigue siendo imprescindible, quizá ahora más que nunca"

En septiembre de 2002, Carmen Briz entrevistaba a la historiadora Carmen Sarasúa, para la revista Trabajadora, n. 5, en torno a la Historia perdida de las mujeres, el trabajo de las historiadoras, el papel de las trabajadoras a lo largo de los siglos, la construcción de la memoria colectiva de las mujeres y la Historia del  Género, entre otros temas. Doce años después, le pedimos un pequeño balance. He aquí su respuesta. Gracias, Carmen.

UN BALANCE SOBRE los Estudios de Género y Feministas en la última década debe empezar destacando lo conseguido en el campo de la Historia. Hay más investigadoras, y sus trabajos empiezan a recibir el reconocimiento que merecen, como el Premio Nacional de Historia concedido en 2011 a Isabel Burdiel (autora de la edición crítica de Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft), por su obra Isabel II. Una biografía (1830-1904). Un premio concedido a tres mujeres en 37 años: a Carmen Iglesias en 2000 y a Carmen Sanz Ayán en 2014.

El balance es menos optimista en Política Económica, donde el aluvión de trabajos sobre la crisis financiera mundial parece haber sepultado lo que aprendimos en los años 70 y 80 sobre el patriarcado. Se acusa de la pobreza y el desempleo de las mujeres al gobierno, al Estado, al capitalismo, a Wall Street… mientras el patriarcado desaparece del análisis. Pondré algunos ejemplos: en primer lugar el análisis de los cuidados, que oscila entre su reivindicación idealizada como alternativa frente al modelo ‘productivista’ del mercado (ignorándose el gigantesco avance que ha supuesto para las mujeres el acceso al empleo remunerado) y la creencia en que la igualdad llegará con otras leyes y más Gasto Público. Las mujeres seguimos haciendo la mayor parte del cuidado personal, trabajo no pagado que consume nuestras energías, perjudica nuestra salud física y mental y dificulta (cuando no impide) nuestro empleo, obligándonos al empleo parcial, a tener ingresos más bajos y pensiones más reducidas. Esto lo sabemos desde los años 70. Lo nuevo es que ahora parece que esto es culpa del capitalismo o del gobierno, y no de que la mayoría de los hombres sigue sin dedicar a los cuidados y a la casa el tiempo que les corresponde. Aunque los datos son tozudos: “3.771 hombres disfrutaron del permiso de paternidad frente a 206.884 madres de enero a septiembre de 2014 (…) el 1,7% del total de permisos. Algo parecido sucede con las excedencias por cuidado de un familiar, de las que solo el 7,7% las solicitaron hombres.” (El País, 9-XII, 2014).

También van desapareciendo los hombres del análisis de la  Violencia contra las mujeres. A 9 de diciembre de 2014 llevamos 48 asesinadas por maridos, novios, exmaridos, etc. Y ante cada asesinato se apunta a jueces, policías, gobierno. No se mira a los asesinos, los maridos, novios y padres que matan (con variedades internacionales como abrasar con ácido la cara, mutilar, asesinar ‘por honor’, etc.) y que lo hacen igual con crisis y sin crisis. Sin salir de la violencia física y psicológica, que haya feministas que dedican tiempo y dinero a reivindicar la prostitución como un trabajo “como cualquier otro” es otra sorpresa de nuestra época. Afortunadamente son miles las feministas en todo el mundo, como las indias de Apne Aap, apoyadas por ONU, OIT y Unicef, que luchan para erradicar el tráfico y la explotación de mujeres, especialmente niñas y adolescentes.

Pero donde se ve mejor esta ‘desaparición’ del patriarcado es en el análisis de la violencia económica sobre las mujeres. La violencia ejercida no por el capitalismo ni por el sistema financiero internacional sino por las propias familias no existe, no se la quiere ver. Es muy elocuente cómo se ha interpretado el desahucio de la señora del barrio madrileño de Entrevías que ha ocupado los periódicos las pasadas semanas: casi analfabeta, con 85 años, al quedarse viuda su único hijo ‘se hace con el poder’ legal para actuar en su nombre. Esta mujer, que ahora depende de la caridad pública, tenía un piso, comprado con su marido tras una vida de trabajo, y una pensión de 630€ al mes. No había pedido ningún crédito. Quien la ha reducido a la miseria no ha sido la banca, ni el capitalismo, ni el gobierno. Ha sido su hijo el que sin su conocimiento ha pedido un préstamo utilizando su casa como aval (a un particular tras denegárselo el banco), el que no le dijo hasta dos días antes del desahucio lo que ocurría, el que la deja en la calle, la utiliza y la expone públicamente para encubrir su responsabilidad criminal. Que los medios de comunicación relacionen el caso con los abusos de la banca era esperable. Pero que no haya un análisis feminista de los desahucios, que no se quiera ver en cuántos casos son el resultado del abuso al que someten a muchas mujeres, especialmente las más vulnerables, sus propios familiares, es llamativo.

Los delitos económicos cometidos en las familias no se perciben aún como delitos. Cada día hay maridos, hijos y nietos que se apropian de los bienes de las mujeres, utilizando engaños o violencia física y psicológica. Muchos sencillamente gastan el dinero familiar ignorando las necesidades de sus hijos y mujeres. Según la Comisión del Congreso de los Diputados, en 2008 los españoles gastaron 50 millones de euros al día en prostitución, a lo que habría que sumar lo gastado en juego y droga, las partidas que causan mayor ‘agujero’ en los recursos familiares. El silencio sobre esto recuerda la época en que pegar, violar e incluso asesinar a esposas o novias no sólo no era delito sino que socialmente no se veía, era un problema privado. El abuso económico contra las mujeres por miembros de sus familias, que seguramente está alcanzando dimensiones de epidemia con la crisis, no está siendo combatido porque no podemos luchar contra algo que todavía no queremos ver. 

Acabo recomendando un libro reciente de una historiadora suiza, Céline Schoeni: Travail féminin: Retour à l'ordre! L'offensive contre le travail des femmes durant la crise économique des années 1930s, que muestra que tras la crisis de 1929 no solo los regímenes fascistas y autoritarios se opusieron en Europa al derecho de las mujeres al empleo. Democracias como Francia y Suiza tuvieron mismo objetivo: hacer más inseguro el empleo de las mujeres y expulsarlas de los mejor pagados. En 1934 los alcaldes de Francia, incluidos socialistas y comunistas, aprobaron que mantener a las mujeres en casa era necesario para combatir el desempleo masculino. El grupo comunista en la Asamblea expresaba así en 1936 la deriva pro-familia y nacionalista del PCF: “Les femmes de France doivent s’unir pour la protection du foyer, pour l’avenir de la race et la sécurité du pays.” (p. 496). Conocer nuestra Historia sigue siendo imprescindible, quizá ahora más que nunca, para entender el presente y pensar el futuro. A pesar de todo yo soy optimista.    

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